La reconstrucción de los episodios sangrientos ocurridos durante los enfrentamientos de las barras bravas en River lideradas por Adrián Rousseau es unacesión judicial que no tiene solución, ocurrida en el Monumental durante el partido con Independiente.
Los hechos registraron dos heridos, a Cristian Verón (el Urco) y Manuel “Rocky” Raposo internados ambos por el incidente de una simple discusión entre violentos del fútbol.
Además fueron 10 los disparos en la madrugada que recibió el domicilio de Rosseau en Villa Urquiza por ser uno de los líderes del grupo que domina a River enfrentado a otro de los hinchas de Alan Schlenker como disputa de una historia de traición y poder. La violencia no es un mero acto delictivo ya que el combate tiene por motivo un botín que nadie quiere perder.
 Los Borrachos del Tablón” reciben 300.000 pesos mensuales por varias vías de financiamiento con la explotación del estacionamiento y reventa de entradas de fútbol en las inmediaciones del Monumental para los partidos que permite un excelente pasar económico.
Ésto consistiría en una entrada de 80.000 pesos fijos y la reventa de ingresos a los partidos de River con 600 tickts, así también la comercialización de asientos para los espectáculos y recitales que organiza el estadio Monumental, como así el alquiler de omnibus para el traslado de los hinchas que alientan al equipo en los partidos del interior del país y tener pago los hoteles con su estadía.
Los cabecillas de los “Borrachos del Tablón” quedaron expuestos en febrero del 2007 cuándo se enfrentaron en sangrienta batalla en los quinchos del club con saldo de heridos de bala y arma blanca, dónde lideró el grupo de Schlenker en la cancha, aunque Alan y su hermano William junto a Hernan Taboada se les vetó la entrada al estadio, a partir de ahi la riña permanecio latente y con allegados a sus lideres hicieron gestiones para unificar a las barras bravas cuando se encontraron frente a frente Schlenker y Rousseau para buscar la paz, pero sólo fué una intención estratégica.
Durante el partido de Independiente apareció colgada una bandera blanca en la tribuna que decía en letras góticas “Los Borrachos del Tablón” entonando cánticos contra los dirigentes como fachada para una polémica de feroz emboscada posterior. La pelea se produjo a la salida bajo el puente Angel Labruna en el Monumental dónde fueron ataques violentos que respondían a Rosseau con apoyo de grupos disidentes de la barra de Sportivo Italiano y allegados al Turco de Ciudadela. Algunos testigos de la golpiza referían a personas con ropas oscuras y cubiertas sus cabezas, aparecieron para combatir a los seguidores de Rosseau que escaparon de la contienda.
Así el poder y el dinero provocaron la emboscada y los disparos en el enfrentamiento con heridos que seguramente continuarán los episodios en próximos encuentros deportivos ya que peleas y venganzas con traiciones son sinónimos de las barrasbravas que fomentan los partidos de fútbol ya que la justicia actúa de oficio en los inocentes por encontrar impedimentos para avanzar sus investigaciones por falta de testimonios. La hinchada del fútbol se disputa su jerarquía por la ambiciónes de poder para obtener la mayor tajada del botín económico de los sórdidos negocios que manejan las barrabravas.
La dirigencia de los clubes tienen difrazada su hipocresía al tolerar el accionar de las barrabravas durante muchos años y subsidiar desde los entretelones del club al darles cobijo.
Asi se explica que los miembros figuren como empleados del club y puedan viajar con gastos pagos a los partidos europeos como el último campeonato mundial en Alemania donde fueron expulsados por ése pais.
Tanta tolerancia en la parte local alimentó su soberbia de los revoltosos violentos cuándo fue la “Batalla de los quinchos”, un enfrentamiento entre dos sectores en pugna. Ya no es un problema sólo del fútbol sino que se extendió afectando a toda la sociedad y que deberá reaccionar junto a sus hinchas para no asistir a los partidos en la cancha para hacer valer su sentido de responsabilidad y peso de decisión en beneficio de su seguridad al no poder presenciar un espectáculo deportivo en paz y sin sobresaltos.
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